Alejandro Pérez
DOI:  10.17421/2498-9746-01-28
Abstract 

En el presente texto se defenderá la idea según la cual, la filosofía y el filosofar están intrínsecamente ligados. Se partirá de un caso paradigmático, el caso de la filosofía analítica. A partir de su definición, se pretenderá mostrar que las características más sobresalientes de dicha corriente están fundamentalmente ligadas al acto de filosofar. Por medio de dicho ejemplo, se desea mostrar que enseñar la filosofía consiste en enseñar a filosofar, y que por lo tanto una no puede ser separada de la otra. Aprender a filosofar es entonces, aprender a ver un problema detrás de cada página de un texto filosófico, una argumentación detrás de cada problema y finalmente, una verdad detrás de cada argumentación. El precio a pagar por dicha separación es bastante alto, se podría hablar de épocas de decadencia intelectual.

Hans-Johann Glock relata la siguiente anécdota en su libro What is Analytic Philosophy:[1]

Ross personifica el ejemplo perfecto de este espíritu [el enfoque histórico y filológico] de una historia de las ideas, que consiste en colocar entre paréntesis las cuestiones de la verdad filosófica y de la coherencia. Después de una conferencia, un estudiante pregunta al famoso erudito, si Aristóteles tenía razón. Él respondió: “Mi querido chico, no debes hacer ese tipo de preguntas. Yo simplemente trato de averiguar lo que Aristóteles pensaba. Averiguar si lo que pensaba es verdadero o no, no es mi trabajo, sino más bien es el de los filósofos (citado por Künne 1990 : 212)[2].

William David Ross fue paradójicamente un filósofo escocés, contemporáneo de George Edward Moore, y célebre por su The Right and the Good[3]. Conocido aún por ser uno de los más ilustres traductores de Aristóteles en el habla inglesa. Por ende, podría parecer un poco extraña su respuesta, si dicha anécdota se revelara ser verdadera. Ahora bien, al contrario del método seguido por Ross, no va a ser cuestión aquí de emprender una investigación histórico-exegética para saber lo que Ross dijo o no dijo. Nuestro interés se centrará más bien en el contenido verídico que nos trae dicha anécdota.

La intención de este trabajo no consiste entonces en insistir en la famosa distinción entre filosofía analítica y filosofía continental, sino más bien en insistir de manera histórica, es decir, por medio ejemplos extraídos de la historia de la filosofía, por qué el acto de filosofar puede ser ligado con la filosofía analítica y viceversa[4].

1. ¿Qué es la filosofía analítica? Y, ¿cómo está ligada al acto de filosofar?

Definir qué es la filosofía analítica es un trabajo tan complejo y tan vasto que sería ambicioso responder en un capítulo a dicha pregunta.[5] Ahora bien, se puede tratar de definir la filosofía analítica en una serie de características comúnmente aceptadas por la mayor parte de representantes de dicha tradición:

  • El primado de la argumentación

  • El rasgo directo de los problemas

  • Claridad, precisión y minuciosidad

  • Literalidad de las formulaciones

  • Intención alética de la filosofía[6].

Estas características no representan solamente cinco puntos fundamentales de la filosofía analítica. Al mirar bien, se puede también inducir que son 5 puntos con los que podemos definir el acto de filosofar[7]. En efecto, el término «filosofía» es un sustantivo femenino en español con el cual se designa una disciplina, un saber. En general todo saber (o disciplina), está ligado a una actividad, en nuestro caso el filosofar. Así, la física es una disciplina ligada a la actividad de estudiar las propiedades de la materia y de la energía, y su objetivo es el de comprender mejor la materia y la energía; igualmente la biología es un saber ligado a la actividad de conocer los seres vivos, los fenómenos vitales y sus propiedades. En cuanto a la filosofía, ella posee una dificultad en sí misma que puede llevarnos a confundir su verdadera naturaleza, y esta reside en su relación intrínseca con la sabiduría. La filosofía como se ha dicho está ligada a la actividad de filosofar, cuyo objetivo no es el de conocer la filosofía o los textos filosóficos, sino más bien de actuar como filósofo. La filosofía no consiste en conocer lo que X o Y dijo, sino que se puede servir de X e Y para actuar como filósofo. X e Y son un medio, no son el objetivo final de la filosofía. El objetivo de la filosofía consiste entonces en realizar la actividad ligada a su saber. Por esta razón, la respuesta de Ross a su estudiante no es solamente chocante sino que también es esclarecedora: si se quiere conocer la verdad, hay que dirigirse al filósofo (la pregunta puede ser: ¿por qué Ross no es un filósofo?)[8].

El peor camino y destino que puede seguir la filosofía es el de estar ligado a la mera actividad de almacenamiento de información: conocer lo que dijo X, Y o Z. En efecto, hay excelentes artefactos que pueblan el mundo que realizan mejor que nosotros dicha actividad: los computadores. La filosofía en ese sentido sería un saber que consiste solamente en saber, es decir en contener información. Saber si Aristóteles dijo o no dijo P, es lo que motivaba Ross[9] a trabajar y leer Aristóteles. Al lado opuesto, Jonathan Barnes, uno de los mejores eruditos de nuestro tiempo de la filosofía antigua, perseguía otro objetivo, como lo confiesa él mismo cuando afirma que su trabajo: «no es realizado nunca a expensas de un esfuerzo de resolución de problemas filosóficos a la luz de los textos antiguos»[10]. Lo que interesa al filósofo inglés Jonathan Barnes, es entonces la actividad del filósofo, ligada a la resolución de problemas filosóficos y profundamente relacionada con el problema de la verdad.

En las siguientes líneas, se propondrá defender por qué los 4 puntos citados anteriormente (El primado de la argumentación, El rasgo directo de los problemas, Claridad, precisión y minuciosidad –que incluirá Literalidad de las formulaciones– y la Intención alética), nos sirven para comprender y caracterizar la actividad filosófica, y por consiguiente el saber filosófico.

2. El primado de la argumentación

La argumentación es sin duda uno de los puntos centrales de la filosofía analítica. Su nivel puede ser algunas veces arduo y por ende criticado por convertirse en incomprensible. Sin duda esta es la razón por la cual se piensa que cuando se encuentra una solución a un problema, dicha solución debería ser cuidadosamente revisada, ya que se trataría de algo más bien raro o poco creíble. Es el caso del argumento del mal que pretendería rechazar la existencia de Dios. Así, cuando John L. Mackie se interesa en el problema del mal, no duda en afirmar:

Pienso, sin embargo, que una crítica más fuerte le puede ser presentada [al teólogo] basándose en el problema tradicional del mal. Esta vez, se puede mostrar, no que las creencias religiosas carecen de apoyo racional, sino que son positivamente irracionales, que varias partes de la doctrina teológica esencial son inconsistentes entre ellas, de modo que el teólogo no puede mantener su posición completa, a menos que se pague por el rechazo de la razón mucho más extrema que en el caso precedente[11]. Debe ahora estar preparado a creer, no solamente lo que no puede ser probado, sino también lo que puede ser rechazado a partir de otras creencias que admite igualmente[12].

Mackie, está convencido de que el teólogo o el filósofo sostiene varias tesis fundamentales de la doctrina cristiana, que se contradecirían por sí mismas. El problema se argumenta de la siguiente manera:

En su forma simple, el problema es el siguiente: Dios es omnipotente; Dios es perfectamente bueno; y sin embargo el mal existe. Parece haber una contradicción entre estas tres proposiciones, de manera que si dos de entre ellas son verdaderas la tercera es falsa. […] Sin embargo la contradicción no aparece inmediatamente: para volverla manifiesta debemos agregar algunas premisas adicionales[13].

No entraremos en el fondo del problema, ya que no se podría tratar correctamente dicha argumentación en cuestión de algunos renglones. Retengamos, que según Mackie, si las dos premisas aceptadas son verdaderas, la tercera es falsa. Para mejorar la argumentación, Mackie propone agregar algunas premisas adicionales que dejarían ver la irracionalidad del teísta. Aquí, el filósofo no se interesa particularmente en saber lo que San Agustín o Santo Tomás de Aquino pudieron haber dicho, sino más bien en una serie de premisas esenciales de la doctrina cristiana que presentarían una incoherencia interna que nos llevaría a concluir que Dios no existe.

El artículo de Mackie es un texto de referencia para todo aquél que quiere tratar el tema seriamente debido a la calidad de su argumentación. Uno de los principales críticos de Mackie, ha sido el filósofo norteamericano Alvin Plantinga, de quien se dice que ha logrado resolver el problema de manera convincente y definitiva[14]. En su libro God, Freedom and Evil (1974) sostiene:

Presentado de manera formal, recuerde, el proyecto de Defensa por medio del Libre Albedrío consistía en mostrar que:

(1) Dios es omnisciente, omnipotente y perfectamente bueno

es compatible con

(3) Existe el mal

Lo que acabamos de decir es que

(35) No estaba en el poder de Dios crear un mundo conteniendo el bien moral sin el mal moral.

Es posible, y compatible con la omnipotencia y la omnisciencia de Dios. […] Estas proposiciones son manifiestamente compatibles, es decir, que su conjunción es una proposición posible. Pero tomadas juntas implican

(3) Existe el mal […]

Recuerde que para sostener este argumento, (35) y (36)[15] no tienen necesidad de ser conocidas como verdaderas, o probables, teniendo en cuenta lo que sabemos, o cualquier cosa de ese tipo; es necesario solamente que sean compatibles con (1). Puesto que lo son, no hay contradicción […] me parece que la Defensa por medio del Libre Albedrío está coronada con el suceso[16].

De nuevo en este texto el punto fundamental es la argumentación. Más precisamente, la argumentación de Plantinga consiste en mostrar que no hay contradicción, lo cual le permite resolver (si es el caso) uno de los problemas más importantes de la filosofía. Tanto el trabajo de Mackie como el de Plantinga se basan en la argumentación. En este caso en una argumentación lógico-deductiva[17].

Se dice que en el primer congreso de filosofía analítica llevado en Francia, Richard Swinburne estuvo presente e hizo parte de los ponentes. En cuanto fue el turno de Swinburne, el filósofo inglés tomó su marcador y anunció que el objetivo de su charla era probar que Dios existe. Lo siguiente, fue demostrar su tesis en el tablero, acto que no duraría más de unos minutos. En cuanto termino de escribir, el filósofo anunció que era el turno del público para demostrar que lo que estaba escrito era falso; algo que realmente no fue apreciado, sin duda porque se trataba de un público acostumbrado al discurso (no necesariamente argumentativo) y no a la argumentación (rigurosa).

3. El rasgo directo de los problemas

Cuando Roger Pouivet habla del «rasgo directo de los problemas», se refiere al hecho de ver y querer tratar directamente un problema filosófico[18], un punto de vista muy compartido dentro de la filosofía analítica. Uno de los mejores ejemplos a los que se podría hacer referencia, es el viejo (pero siempre presente) problema de los universales, problema que para muchos filósofos no existe[19]. A pesar del rumor extendido, una de las figuras más importantes del siglo XXI, el filósofo australiano David M. Armstrong, ha jugado un papel muy importante en este tema. En su libro Universals, An Opinionated Introduction (1989) [20], David Armstrong consagra su primer capítulo a «The problem», lugar donde establecerá cuál es el problema, los diferentes tipos de posiciones y la metodología que adoptará, camino que lo conducirá posteriormente a adoptar un realismo moderado naturalista. Su obra fue desde un comienzo muy acogida y es ahora considerada como un verdadero clásico del siglo XXI, pero sobre todo, dicho trabajo contribuyó notablemente al resurgimiento del estudio y trabajo del problema de los universales.

Se dice de la Escuela Australiana de Filosofía, de la cual hace parte David Armstrong, que una de los rasgos principales de esta consiste en tomar en serio los problemas[21]. Para comprender mejor la importancia del trabajo de Armstrong, basta con citar el punto de vista contrario, preconizado por el filósofo francés Alain de Libera: «El problema de los universales no es un problema filosófico eterno, una pregunta que atravesaría la historia más allá de las rupturas epistemológicas, las revoluciones científicas y otros cambios de epistemes»[22]. Para el arqueólogo de la filosofía que es Alain de Libera, no se trata de un problema, sino más bien, como el título de su libro lo deja entrever (La querella de los universales), de una simple querella. Una querella que no tiene como fondo ningún problema real, sino más bien un problema ficticio, o en el mejor de los casos, un problema que depende de un contexto. Pero tratar así el problema, ¿no sería pasar de lado de uno de los problemas más importantes de la filosofía? Sin duda el peor error de este enfoque es el de reducir la filosofía a una serie de querellas socio culturales, que no tienen ninguna relación con la realidad, y en las cuales su existencia dependería de épocas o contextos, reduciendo así la filosofía a un ejercicio cultural que encontraría su existencia sólo a través de un contexto social preciso. Volver a tratar un problema, sería entonces sacar los viejos libros del baúl y condenarnos a repetir los mismos errores del pasado (errores que se habrían desarrollado en un contexto donde todas las condiciones permitieron su surgimiento).

4. Claridad, precisión y minuciosidad

Cuando se habla de claridad, precisión y minuciosidad se piensa a menudo en el positivismo lógico y en sus afirmaciones aberrantes según las cuales la metafísica no debería desear el estatuto de ciencia, sino más bien debería dedicarse a imitar la literatura (e incluso la poesía). Ahora bien, claridad, precisión y minuciosidad no implican reducir una disciplina a otra, es decir la filosofía no se reduce a la lógica, a las matemáticas, a las Ciencias cognitivas, a la física, a la biología, etc.; sino más bien reducir un lenguaje (muchas veces oscuro) a un lenguaje más claro o simple, preciso y minucioso. El filósofo coreano Jaegwon Kim es muy conocido por poseer dichas virtudes. Max Kistler describe su trabajo de la siguiente manera:

La fuerza de los argumentos de Kim, su manera paciente, minuciosa y rigurosa de ir siempre al fondo de las implicaciones de sus razonamientos obligan a todos los filósofos deseosos de comprender la relación entre el cuerpo y la mente a afrontar la conclusión de Kim: concretamente, no es nuestra mente que cambia el mundo cuando actuamos, sino que solamente cambia nuestro cerebro[23].

Podemos encontrar un ejemplo, cuando Kim se refiere a Descartes y a una de sus tesis de las Méditations: «Descartes se refiere constantemente a la esencia de la mente como cosa pensante (y no extendida) y a la esencia del cuerpo como cosa extendida en el espacio»[24]. Ya habiendo descrito la tesis principal, Kim, propondrá un argumento en términos de esencia o de naturaleza esencial:

Mi naturaleza esencial es ser una cosa pensante

La naturaleza esencial de mi cuerpo es ser una cosa extendida en el espacio

Mi naturaleza esencial no incluye el hecho de ser una cosa extendida en el espacio

Por consiguiente, no soy idéntico a mi cuerpo. Y, puesto que soy una cosa pensante (es decir una mente), mi mente no es idéntica a mi cuerpo[25].

Convertir una tesis en un argumento como el de aquí arriba permite prestar atención a la claridad de términos utilizados, y a la precisión de premisas enunciadas. Este tipo de formulaciones, como ya lo hemos visto en el caso del problema del mal, son esenciales e incluso fundamentales. En efecto, fue la falta de precisión en los términos y la argumentación de Mackie que permitiría a Alvin Plantinga proponer una defensa y solución del problema. En este sentido la filosofía es mucho más que un saber de masas. Igual que la física, la biología y las ciencias cognitivas, un texto de filosofía no está dirigido al público en general, sino más bien a especialistas. La filosofía tendería entonces más hacia el lado de la ciencia que hacia el lado de la poesía.

Esto no implica una idea general admitida dentro de la filosofía analítica, según la cual el inglés es a la filosofía contemporánea, lo que el latín fue al Medio Evo, y que por lo tanto la filosofía debería ser ejercida solamente (o generalmente, en el mejor de los casos) en inglés. El argentino Gonzalo Rodríguez-Pereyra es uno de los defensores de dicha tesis. Nos basta con citar el resumen de su artículo The Language of Publication of “Analtic” Philosophy para comprender su posición: «En esta nota argumento que la investigación en filosofía analítica en sentido amplio debería publicarse exclusivamente en inglés. Doy razones de por qué debe ser así y defiendo la tesis en contra de trece objeciones»[26]. Sin duda la mejor objeción a dicha tesis, es la que ha sido sostenida por Claude Hagège en su libro Contre la pensée unique[27], donde muestra el peligro de un pensamiento único, al quererse sólo expresar y pensar en inglés, abogando por la importancia de no reducir el pensamiento a un solo idioma. Reducir entonces la riqueza de la filosofía al idioma inglés, por muy rico que pueda ser, es un error que debe ser evitado. La claridad es posible en todos los idiomas.

5. Intención alética de la filosofía

La palabra alética, proviene del griego «ἀλήθεια», que se traduce al español por «verdad». La verdad determina –y es una de las características más importantes de– la filosofía analítica. Pero mucho más allá de las etiquetas, se trata ahí de la esencia de la actividad del filósofo.

La amalgama entre el conocimiento de la filosofía y el acto filosófico debe ser vista bajo el prisma de la verdad. Como lo señala Mulligan:

Si algunos exageran la importancia de la historia de la filosofía en detrimento de la filosofía, otros la desacreditan de manera exagerada. Sin duda, “el conocimiento de la historia de la filosofía, dice Brentano, es a menudo dañino, pero cuando tales daños se producen, es debido a los errores[28].

Por consiguiente, si se enseña la filosofía sin filosofar sólo se puede obtener un resultado dañino. Lo que se debe enseñar es a filosofar por medio de la filosofía. La filosofía como puro saber que consistiría meramente en saber sin nada más, como una especie de «cultura general», no existe (y si existe, debería ser suprimido). Así:

El último objetivo de la historia de la filosofía debe ser el de colocar en evidencia la verdad. Sin duda, esta manera de acercarse a la verdad nos lleva muy lentamente al objetivo. Pero es la sola manera sólida que le permite al filósofo trabajar. Para él, el conocimiento de la historia de un problema es mucho más importante que para el matemático o el científico[29].

Cuando Mulligan insiste en que «Es la sola manera sólida», es sin duda un punto importante sobre el cual debemos insistir. La filosofía existe, porque fue ejercida por antecesores, y como todo arte, debe ser aprendido con su maestro. Un ejemplo del aprendizaje de este arte nos es dado por Brentano, en su «larga y amarga»[30] controversia con Zeller:

Esta controversia duró de 1879, fecha de la tercera edición de la segunda parte de Die Philosophie Griechen, a 1911. Zeller no admitía que, ahí donde el sistema del Estagirita era incompleto, Brentano se colocará a filosofar en el lugar y en nombre de Aristóteles para llenar las lagunas con ‘lazos mediadores’[31].

Ahora bien, ¿por qué Zeller debería estar molesto con la actitud adoptada por Brentano? La única respuesta que esta pregunta pueda obtener, se revela a través de la actividad realizada por Zeller, es decir Zeller era sin duda un arqueólogo o un filólogo, más interesado por el saber que por la verdad; en ningún caso se trataba de un filósofo. Si estudiamos filósofos como Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, Locke, Hume, Brentano, etc., no es para repetir eternamente lo que ya fue dicho por aquellos autores, o en el peor de los casos, por los comentadores de dichos autores. Sino para ver los problemas desarrollados, contemplando la verdad que se esconde detrás de ellos, y así emprender el valiente camino de la búsqueda de la verdad (camino que sin duda fue tomado por los filósofos citados).

6. La filosofía (analítica) es realmente ahistórica

¿La filosofía analítica es ahistórica?[32] La filosofía analítica se caracterizaría, según una idea muy extendida[33], por ser ahistórica, y esta debilidad constituye una de las críticas más importantes a dicha corriente. Sin embargo, la filosofía analítica se ha interesado desde sus comienzos más remotos, es decir desde Bolzano y Brentano[34], a la historia de la filosofía[35] y por ende parece extraño exclamar dicha afirmación. Además se debe distinguir el hecho de que la filosofía analítica no se interese particularmente a la filosofía continental (Heidegger, Nietzsche, Deleuze, Derrida, Marion)[36] y el que no se interese a filósofos como Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, Ockham, Scoto, Locke, Leibniz, Kant, etc. Indudablemente una gran parte de trabajos dedicados a la historia de la filosofía dentro de la corriente analítica, se ha dedicado más al segundo grupo que al primero.

El rasgo histórico o ahistórico es mejor abordarlo desde la siguiente perspectiva, y ligado a las siguientes posiciones[37]:

A

B

Holismo

Atomismo

Relativismo

Asolutismo

Discontinuismo

Continuismo

Así las siguientes afirmaciones dependen de alguna de las dos posiciones (A o B) expuestas:

(1) “Si no se conoce toda la estructura de Zaratustra, no se comprende nada del superhombre”.

(2) “Interesémonos en la teoría de la causalidad en Hume: ¿Esta teoría es correcta?”.

(3) “Cada filósofo construye sus propios criterios de la verdad, no se puede comparar la verdad del sistema de Descartes con el de Hegel”.

(4) “Encontré un argumento contra la existencia del primer motor”.

(5) “El cielo de Aristóteles no es el cielo de Newton”.

(6) “La teoría de las inferencias formales de Leibniz puede ser reconstituida al interior de la deducción natural y le es equivalente”[38].

La pregunta es, ¿a qué posición corresponde cada frase? (1), (3) y (5) pertenecen a la posición A, y (2), (4) y (6) a la posición B. Además, «(1) es holista, (2) atomista, (3) relativista, (4) absolutista, (5) discontinuista y (6) continuista»[39]. La posición A correspondería generalmente a la filosofía continental mientras que la posición B a la posición analítica. Aunque sea caricaturista dicha distinción, dichas posiciones representan en el fondo un desacuerdo más profundo:  «La posición A considera que la filosofía es relativamente idéntica a su historia, mientras que la posición B sostiene que se puede discutir del valor de algunos argumentos, haciéndolos inteligibles para nuestra comprensión actual». Discutir el valor de los argumentos, puede ser entonces ejercido desde ejemplos de la vida corriente hasta en la lectura que hacemos de cualquier filósofo (incluso de la lectura que podemos realizar de Heidegger).[40]

7. Conclusión

La filosofía y el filosofar están intrínsecamente ligados. Esta es la conclusión a la que se quería llegar. Paradójicamente, mi objetivo era el de partir del análisis de la misma filosofía (de textos de filósofos[41]) y más precisamente de la filosofía analítica, con lo que se pretendía mostrar y argumentar que en el caso de la filosofía analítica, la filosofía implica filosofar. Enseñar la filosofía es entonces enseñar a filosofar, y una no puede ser separada de la otra. Aprender a filosofar es entonces aprender a ver un problema detrás de cada página de un texto filosófico, una argumentación detrás de cada problema y finalmente una verdad detrás de cada argumentación. El precio a pagar por dicha separación es bastante alto, podríamos decir, que se trataría de épocas de decadencia intelectual y racional. No se debe concluir que la filosofía analítica es la única filosofía capaz de compaginar el saber con el actuar filosófico. Antes que la filosofía analítica existiera, existieron filósofos como Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, Guillaume de Ockham, Descartes, Locke, Berkeley, Leibniz, Hume, Reid, Kant, Bolzano, Brentano, Peirce (y muchos más) que eran conscientes que la filosofía consistía en un saber ligado a una actividad.

Alejandro Pérez
*PhD Student
Institut Jean-Nicod
CNRS, UMR 8129, ENS/EHESS
PSL Research University
F-75005 Paris, France
**Investigador Asociado
Universidad Sergio Arboleda
Bogotá, Colombia

Notas

[1] - H.-J. Glock, What is Analytic Philosophy?, Cambridge University Press, Cambridge 2008.

[2] - H.-J. Glock, o.c. p. 104.

[3] - W. D. Ross, The Right and the Good, Clarendon Press, Oxford 2002.

[4] - Agradezco a los participantes del panel y las diferentes preguntas realizadas por el moderador Nicola di Stefano que me llevaron a modificar la versión original del texto y agregar la última sección.

[5] - Cf. H.-J. Glock, o.c.

[6] - R. Pouivet, Philosophie contemporaine, Presses Universitaires de France, París 2008, p. 31.

[7] - Sin embargo reduciremos el 4 punto al tercero, debido a que son intrínsecamente ligados.

[8] - Pregunta que dejaremos de lado.

[9] - Según la anécdota.

[10] - Citado por K. Mulligan, Sur l’histoire de l’approche analytique de l’histoire de la philosophie : de Bolzano et Brentano à Bennett et Barnes, in J.-M. Vienne (ed.), Philosophie analytique et Histoire de la philosophie, Vrin, Paris, p. 4 (URL : https://www.unige.ch/lettres/philo/enseignants/km/doc/BBBB1.pdf).

[11] - Mackie habla de la probabilidad de probar la existencia de Dios.

[12] - J. L. Mackie, Evil shows that there is no God, in B. Davies (ed.), Philosophy of Religion, A Guide and Anthology, Oxford University Press, Oxford 2000, p. 581.

[13] - J. L. Mackie, o.c., p. 581.

[14] - Lo cual es algo totalmente sorprendente dentro de la tradición analítica. Véase la introducción de C. Michon, Introduction au Problème du mal, in C. Michon & R. Pouivet, Philosophie de la religion, Approches contemporaines, Vrin, París 2010, p. 211, n.1.

[15] - A. Plantinga, God, Freedom and Evil, Harper and Row, New York 1974, p. 54: (36) Dios ha creado un mundo conteniendo bien y mal.

[16] - A. Plantinga, o.c. pp. 54-55. Lógicamente el texto que hemos citado, no deja ver la calidad del argumento de Plantinga, lo mejor es consultar el libro, particularmente la primera parte.

[17] - Un punto merece ser señalado: un filósofo es un filósofo y no un matemático o un lógico. Sin embargo, el filósofo puede servirse de las ciencias para llevar a cabo mejor su actividad.

[18] - Para Pouivet, lo contrario sería un trabajo oblicuo que consistiría en tratar un problema a través de un momento histórico o de una figura filosófica. De nuestro punto de vista, el trabajar una figura filosófica, e incluso un momento histórico, no implica trabajar el problema de manera oblicua; es el caso de filósofos como Jonathan Barnes, Kevin Mulligan, Pascal Engel, Jakko Hintikka, Norman Kretzmann, Peter Geach, Anthony Kenny, quienes son algunos de los casos paradigmáticos más conocidos.

[19] - Véase: A. de Libera, La querelle des universaux, De Platon à à la fin du Moyen Âge, Seuil, Paris 1996.

[20] - D. M. Armstrong, Universals: An Opinionated Introduction, Westview Press, San Francisco 1989.

[21] - Véase el colectivo dirigido por J-M. Monnoyer, La structure du monde, Objets, propriétés, états de choses, Renouveau de la métaphysique dans l´école australienne de philosophie, Vrin, París 2004.

[22] - A, de Libera, o.c., p. 13.

[23] - M. Kistler, Préface, in J. Kim, L’esprit dans un monde physique, Editions d’Ithaque, París 2014, p. XXI.

[24] - J. Kim, Philosophy of Mind, Westview Press, Londres 2010, p. 41.

[25] - J. Kim, Philosophy of Mind, cit. p. 41

[26] - G. Rodriguez-Pereyra, The Language of Publication of “Analytic” Philosophy, «Crítica» 45 (2013), pp. 83-90.

[27] - C. Hagège, Contre la pensée unique, Odile Jacob, París 2012. Véase también: C. Hagège, L’Enfant aux deux langues, Odile Jacob, París 2005.

[28] - K. Mulligan, o.c., p. 7.

[29] - K. Mulligan, o.c., p. 7.

[30] - K. Mulligan, o.c., p. 8.

[31] - K. Mulligan, o.c., p. 8.

[32] - Este capítulo recoge la respuesta a algunas de las preguntas realizadas.

[33] - Véase: M. Perez de Laborda, Introduzione alla filosofía analítica, Edusc, Roma 2007.

[34] - Pero igual es el caso de Bertrand Russell.

[35] - Sería fastidioso citar todos los trabajos y filósofos que han realizado trabajos histórico en filosofía, sólo piénsese en el ejemplo de Brentano citado más arriba.

[36] - E incluso esto no es una práctica global.

[37] - F. Nef, Qu’est-ce que la métaphysique, Gallimard, París 2004, p. 51.

[38] - F. Nef, o.c., p. 52.

[39] - F. Nef, o.c., p. 52.

[40] - Véase el excelente artículo de J. Barnes, Heidegger spéléologue, «Revue de Métaphysique et de Morale» 96 (1990), pp. 173-195.

[41] - De manera modesta, debido a cuestiones de tiempo y espacio.


© 2015 Alejandro Pérez & Forum. Supplement to Acta Philosophica

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