Bessie Alexandra Zibara Lara
DOI:  10.17421/2498-9746-05-23
Abstract 

El presente trabajo intenta explicar cómo la variedad de significados de los conceptos metafísicos unidos por la analogía ofrece una perspectiva no-fragmentada de la composición hilemórfica del ser humano, con el fin de profundizar en la comprensión aristotélica de naturaleza humana y de la interacción alma-cuerpo. Para ello, este estudio considera los conceptos utilizados —explícita o implícitamente— en la argumentación desarrollada en De anima, que se predican análogamente y cuyos sentidos se exponen en el libro V de la Metafísica.

Palabras clave: Aristóteles, Metafísica, homonimia, analogía, naturaleza humana

In this paper, the author intends to approach to the hylemorphic composition of human nature from a non-fragmented perspective.  The broad series of meanings of basic concepts from Aristotle’s Metaphysics Book Δ are united by analogy. This enable the study of soul and body interaction from the Aristotelian argumentation about human nature exposed in De anima.

Keywords: Aristotle, Metaphysics, homonymy, analogy, human nature

1. Introducción

¿Por qué aproximarnos a la naturaleza humana y la relación alma-cuerpo desde un “libro menor” de la Metafísica si Aristóteles dedica toda la obra De anima a ese tema? Y, si en caso quisiéramos dar un paso atrás y revisar las bases filosóficas del De anima, ¿por qué recurrir a un “léxico filosófico” en lugar de ir directamente a la Física y comprender lo que el Estagirita entiende por naturaleza y los principios de la misma? Precisamente porque naturaleza se predica en una multiplicidad de sentidos, de los cuales el principal de todos es la sustancia, es conveniente dirigirse a la ciencia que tiene por objeto la sustancia y —en concreto— a un libro que gira en torno a ese concepto, iluminándolo desde otras nociones metafísicas que permiten ver con un amplio abanico de matices lo que significa la unión sustancial del alma como forma del cuerpo.[1]

El libro Delta no es una yuxtaposición de términos con muchos sentidos, sino que forma una unidad estructurada según el objeto de la Metafísica. Todos los términos que se estudian en el quinto libro dependen del ente; por tanto, es necesario conocer cómo es su predicación. Según se presenta en la Metafísica, el ente no es unívoco, pero tampoco es totalmente equívoco[2]. Si los distintos sentidos pueden reconducirse a uno principal, es porque hay algo que, además del nombre, tienen en común. En el caso del ente, su modo de predicación es según la homonimia pros hen que Aristóteles presenta en el libro Gamma.

En esta comunicación profundizaremos en la concepción aristotélica de la homonimia pros hen en el V libro de la Metafísica, su aplicación a la sustancialidad y, de manera más específica, al caso de la unidad sustancial de la naturaleza humana.

2. La homonimia en la Metafísica. El libro Gamma

En el libro Gamma de la Metafísica, esta ciencia se presenta como aquella que estudia el ente en cuanto ente. Pero la unidad de esta disciplina podría verse comprometida porque el ente se dice en muchos sentidos. Si la homonimia del ser fuera tan solo fortuita, es decir, si se utilizara la misma palabra para referirse a realidades sin relación alguna entre sí, ¿cómo hacer para estudiar el ser en cuanto tal? El objetivo de la filosofía primera sería imposible. Sin embargo, Aristóteles aclara que todos los sentidos de ente se ordenan a una única naturaleza y principio: la sustancia; y no por simple homonimia, sino como todo lo que se dice “sano” se ordena a la salud y “medicinal” a la medicina.[3]

Conviene que analicemos detenidamente el proceder de Aristóteles. El ordenamiento de la multiplicidad de sentidos a uno —de ahí la denominación pros hen (πρὸς ἓν)— no es algo arbitrario, sino la relación con un principio. Yarza explica que la relación entre homónimos pros hen es de tipo “causal y asimétrica, de modo que entre la realidad focal o nuclear y los homónimos que a ella se refieren se establece una relación causal en cada caso diversa. En el ejemplo paradigmático de las cosas sanas, al que Aristóteles recurre con frecuencia, estas se dicen sanas en relación a la salud, o en cuanto la conservan, o en cuanto la producen, o en cuanto son síntomas, o en cuanto están en grado de recibirla.”[4] En síntesis, estos homónimos dependen realmente del núcleo. Como afirma Zagal, “si la relación no fuera real, si a la relación le faltara un fundamento ontológico, la atribución sería equívoca”[5] sin más.

Con los ejemplos mencionados, Aristóteles ilustra cómo funciona la homonimia pros hen y lo que sucede en el caso del ente: es la sustancia el principio al cual todos los demás sentidos se relacionan de modo asimétrico. Así, “unos se dicen entes porque son sustancias; otros, porque son afecciones de la sustancia; otros, porque son camino a la sustancia, o corrupciones o privaciones o cualidades de la sustancia, o porque producen o generan la sustancia o las cosas dichas en orden a la sustancia, o porque son negaciones de alguna de estas cosas o de la sustancia.”[6]

El segundo capítulo del libro Gamma continúa exponiendo cómo todo lo anterior es objeto de estudio de la misma ciencia, pero no profundiza en su contenido. A eso se dedica el libro que la tradición ha colocado inmediatamente después.

3. Aplicación de la homonimia pros hen en el libro Delta

Para comprender mejor el proceder de Aristóteles, puede ser útil dirigirnos directamente hacia el núcleo del libro Delta, a la distinción de sentidos de “uno”. Si tenemos en mente lo que se ha dicho en Gamma sobre la sustancia como primer y principal sentido del ente y sobre la convertibilidad entre el ente y el uno, lo primero que puede llamar nuestra atención es que se mencione precisamente la unidad de la sustancia como primer y principal sentido de “uno”: “Los que primordialmente (πρώτως) se dicen uno son aquellos cuya sustancia es una, y es una o por su continuidad o por su especie o por su enunciado.”[7]

Si la sustancia es el principal sentido tanto de “ente” como de “uno”, convendrá saber cómo la entiende Aristóteles. Siendo la primera de las categorías, se caracteriza por ser el último sujeto, que ya no se predica de otro, sino que todo lo demás es predicado de ella.[8] Podemos interpretar que este primer sentido de sustancia se refiere a un nivel ontológico y no simplemente lingüístico. Esto significa que estamos hablando de la constitución metafísica de las cosas y no solo de palabras que funcionan como sujeto y predicado. Es la sustancia primera la que “es” y la que “es una” en el sentido más propio. La multiplicidad de sentidos de ser converge en uno, pero no en cualquier acepción de indiviso sino en el sentido más estricto de unidad.

El libro Delta aborda la temática del ser en el séptimo capítulo, justo después del dedicado a los sentidos de unidad y antes de aquel que explica la sustancia. Nos interesa detenernos en cómo afronta los sentidos de ente per se. Aristóteles afirma que “por sí se dice que son todas las cosas significadas por las figuras de la predicación (τά σχήματα τῆς κατηγορίας) pues cuantos son los modos en que se dice, tantos son los significados del ser. Pues bien, puesto que, de los predicados (τῶν κατηγορουμένων), unos significan quididad, otros cualidad, otros cantidad, otros relación, otros acción o pasión, otros lugar y otros tiempo, el ser significa lo mismo que cada uno de estos.”[9]

Las palabras apenas citadas ponen el énfasis en la multiplicidad de significados de ser: las categorías. El ser viene presentado como una realidad homónima y el libro Delta tratará de algunos de sus sentidos. En primer lugar, de la sustancia; y más adelante, de la cantidad, cualidad, relación, disposición y pasión.

La unidad en la que convergen la diversidad de sentidos de ser —la sustancia— es “principio” de todos ellos. Aristóteles enumera explícitamente cinco sentidos de “principio”, a los que añade todos aquellos de “causa”. Sin embargo, todos tienen en “común ser lo primero desde lo cual algo es o se hace o se conoce”[10] según sea principio del ser, del hacerse o del conocerse de algo. En las categorías, la sustancia es principio, es la primera de todas porque las demás no pueden subsistir por sí solas, siempre son en alguna sustancia.

Al tratar sobre los sentidos de “idéntico”, es significativo que Aristóteles afirme que “unas cosas se llaman idénticas por sí, en los mismos sentidos en los que se dice por sí el uno.”[11] Esto manifiesta, una vez más, que en la sustancia, principal sentido de “uno”, es donde converge la identidad y que de ella depende todo tipo de identidad que pueda darse. Esta idea vuelve a tratarse en el capítulo dedicado a los sentidos de “relativo”: allí indica que “lo igual y semejante y lo idéntico () se dicen según el uno, pues son idénticas aquellas cosas cuya sustancia es una, y semejantes, aquellas cuya cualidad es una, e iguales, aquellas cuya cantidad es una: y el uno es principio y medida del número, de suerte que todas estas se dicen relaciones según un número, pero no del mismo modo.”[12]

En el comentario que hace el Aquinate al capítulo dedicado al concepto de “naturaleza”, explicita que “se debe tener presente que este reconducir todos los demás modos de decir a uno primero puede hacerse de dos modos. De un modo, según el orden de las cosas. De otro modo, según el orden que se observa considerando la imposición del nombre. De hecho, los nombres vienen impuestos por nosotros según como entendemos, dado que los nombres son signos de las cosas que captamos con el intelecto. Ahora, nosotros a veces captamos lo primero a partir de lo posterior.”[13]

En el orden real, “la noción de naturaleza le compete en primer lugar a la forma, porque, como hemos visto, nada se dice que tenga naturaleza si no la tiene en cuanto tiene forma. Así, de las consideraciones hechas, es evidente que «originariamente y en sentido propio se le llama naturaleza a la sustancia», es decir, a la forma de las cosas que tienen en sí mismas el principio de movimiento en cuanto tal.”[14] Aun así, lo primero que solemos denominar “natural” es al nacimiento y a la generación pues es lo más cercano a nuestro conocimiento; luego, a partir de lo anterior, llamamos también así a todo principio intrínseco de movimiento como la materia y la forma.

4. Conclusión: La sustancialidad en el ser humano

De todo lo dicho anteriormente, puede deducirse que hablar de naturaleza humana equivale a hablar de sustancia humana con todo lo que esa denominación trae consigo. El alma humana, tal como la entiende Aristóteles, determina y vivifica una materia dándole la especificidad de lo humano y haciéndola subsistente como un todo que goza del sentido más propio de unidad.

El cuerpo humano simplemente no puede entenderse sin el principio que lo anima y hace que sea lo que es. En otras palabras, si el alma humana no está presente como causa formal, no hay naturaleza humana. De modo semejante, el alma humana que subsiste sin materia no es una sustancia completa y no manifiesta plenamente la naturaleza humana.

La sustancialidad también es el sentido más propio de “identidad”. Esto implica que, estrictamente hablando, la identidad humana es algo que nos viene dado, es el cuerpo humano vivo que es último sujeto de una larga cadena de cualidades que hunde sus raíces en esa sustancia.

 

Notas

[1] Cfr. De anima 412a.

[2] Para una profundización en la equivocidad según Aristóteles cfr. J. Araos San Martín, La filosofía aristotélica del lenguaje, cit., pp. 231-237. Allí se menciona, por ejemplo, que «para comprender bien lo que Aristóteles llama equivocidad es necesario advertir que esta no consiste, simplemente en la diversidad de sentidos que puede tener un nombre. De hecho, los nombres que por sí mismos, tal como se los halla en un diccionario, tienen un solo sentido son más bien excepciones a la lengua: la mayoría presenta varios sentidos. Pero ello no los hace equívocos. La equivocidad no es un atributo que ciertos nombres posean por sí mismos: es cierto uso que se puede hacer de ellos como partes del discurso en una argumentación.»

[3] Cfr. Met. Γ, 1-2.

[4] I. Yarza, Ma in che modo si dice il bene?, cit. p. 128: «»

[5] H. Zagal Arreguin, L’attualità del metodo aristotelico, cit., p. 149: «Se la relazione non fosse reale, se la relazione mancasse di un fondamento ontologico, la attribuzione sarebbe equivoca.»

[6] Met. Γ, 2 1003b 6-10: «τὰ μὲν γὰρ ὅτι οὐσίαι, ὄντα λέγεται, τὰ δ᾿ ὅτι πάθη οὐσίας, τὰ δ᾿ ὅτι ὁδὸς εἰς οὐσίαν ἢ φθοραὶ ἢ στερήσεις ἢ ποιότητες ἢ ποιητικὰ ἢ γεννητικὰ οὐσίας ἢ τῶν πρὸς τὴν οὐσίαν λεγομένων, ἢ τούτων τινὸς ἀποφάσεις ἢ οὐσίας».

[7] Met. Δ, 6 1016b 8-9: «τὰ δὲ πρώτως λεγόμενα ἓν ὧν ἡ οὐσία μία, μία δὲ ἢ συνεχείᾳ ἢ εἴδει ἢ λόγῳ».

[8] Cfr. Met. Δ, 8 1017b 13-14.

[9] Met. Δ, 7 1017a 22-27: «καθ᾽ αὑτὰ δὲ εἶναι λέγεται ὅσαπερ σημαίνει τὰ σχήματα τῆς κατηγορίας; ὁσαχῶς γὰρ λέγεται, τοσαυταχῶς τὸ εἶναι σημαίνει. ἐπεὶ οὖν τῶν κατηγορουμένων τὰ μὲν τί ἐστι σημαίνει, τὰ δὲ ποιόν, τὰ δὲ ποσόν, τὰ δὲ πρός τι, τὰ δὲ ποιεῖν ἢ πάσχειν, τὰ δὲ πού, τὰ δὲ ποτέ, ἑκάστῳ τούτων τὸ εἶναι ταὐτὸ σημαίνει».

[10] Met. Δ, 1 1013a 17-19: «πασῶν μὲν οὖν κοινὸν τῶν ἀρχῶν τὸ πρῶτον εἶναι ὄθεν ἢ ἔστιν ἢ γίγνεται ἢ γιγνώσκεται.»

[11] Met. Δ, 9 1018a 4-5: «καὶ τὰ μὲν οὕτως λέγεται ταὐτά, τὰ δὲ καθ᾽ αὑτὰ ὁσαχῶσπερ καὶ τὸ ἕν».

[12] Met. Δ, 15 1021a 9-14: «καὶ ἔτι τὸ ἴσον καὶ ὅμοιον καὶ ταὐτὸ κατ᾽ ἄλλον τρόπον κατὰ γὰρ τὸ ἓν λέγεται πάντα, ταὐτὰ μὲν γὰρ ὧν μία ἡ οὐσία, ὅμοια δ᾽ ὧν ἡ ποιότης μία, ἴσα δὲ ὧν τὸ ποσὸν ἕν; τὸ δ᾽ ἓν τοῦ ἀριθμοῦ ἀρχὴ καὶ μέτρον, ὥστε ταῦτα πάντα πρός τι λέγεται κατ᾽ ἀριθμὸν μέν, οὐ τὸν αὐτὸν δὲ τρόπον».

[13] In Metaph. 824: «Sciendum est autem, quod reductio aliorum modorum ad unum primum, fieri potest dupliciter. Uno modo secundum ordinem rerum. Alio modo secundum ordinem, qui attenditur quantum ad nominis impositionem. Nomina enim imponuntur a nobis secundum quod nos intelligimus, quia nomina sunt intellectuum signa. Intelligimus autem quandoque priora ex posterioribus.»

[14] In Metaph. 825-826: «formae prius competit ratio naturae, quia, ut dictum est, nihil dicitur habere naturam, nisi secundum quod habet formam. Unde patet ex dictis, quod primo et proprie natura dicitur substantia, idest forma rerum habentium in se principium motus inquantum huiusmodi.»

 

 


© 2019 Bessie Alexandra Zibara Lara & Forum. Supplement to Acta Philosophica

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